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Temporada de pesca 2009, la peor en 60 años

Fecha: 10 de Agosto de 2009

Ha finalizado la temporada de pesca de 2009; y lo ha hecho mostrando los peores registros de capturas salmoneras en los 60 años transcurridos desde el año 1949 hasta el momento actual, lo cual dice poco, muy poco, a favor de un sistema que ha quedado claramente demostrado haber sido nada previsor de lo que podía pasar en el futuro. Algunos lo achacarán al cambio climático; otros, sin embargo, somos algo más escépticos porque eso, de momento, no la podido demostrar nadie todavía, motivo por el cual estamos sumidos en la más absoluta ignorancia por razones puramente obvias, puesto que carecemos de los medios necesarios para investigarlo. Pero la realidad es que este desastre tiene en nuestra opinión una causa preferente: la de no haber sido capaces de abordar un problema que se nos venía encima por temor a que ello podría tener repercusiones en materia de votos electorales. Nada de eso: el salmón no ha votado nunca y no va a tener intención de hacerlo en el futuro.

Mirando la estadística salmonera desde 1949, se observa una media de capturas de 3.115 salmones por campaña, con un valor mínimo de 586 ejemplares capturados en 1997, que representa una desviación respecto de la media de 2.529 peces. Sin embargo, en esta temporada que acaba de finalizar la desviación es netamente superior puesto que alcanza la cifra de 2.759 salmones. La situación es alarmante, sin paliativos. ¿Qué es entonces lo que está pasando? Nadie lo sabe; y eso ha quedado muy patente en las conclusiones de la Jornadas Internacionales del Salmón Atlántico celebradas los pasados 25 y 26 de junio en la localidad asturiana de Soto del Barco, en la que varios especialistas así se manifestaron. Ha llegado, pues, el momento de decir ¡hasta aquí hemos llegado! Ya no valen más disculpas; ya no es posible admitir más errores continuados. Urge la adopción de medidas que garanticen el ciclo río-mar-río para el salmón atlántico, porque esa es la única opción válida para su adecuada protección y conservación.

El salmón atlántico es un recurso natural, como lo es la madera de los bosques, el agua y los minerales de la corteza terrestre, cuyo aprovechamiento racional debe repercutir en la generación de riqueza para el Principado de Asturias. Ello sólo será posible mediante la adopción de medidas técnicas adecuadas para la resolución de los problemas observados en una fase preliminar de diagnóstico, que por desgracia nadie ha sabido abordar todavía con el rigor técnico que se merece. ¿Cómo podemos pretender que a los ríos asturianos retornen los salmones si no se sabe cuantos esguines emigran hacia el mar cada año? ¿Cómo se puede pretender que los salmones retornen a los ríos de origen si los estados miembros no son capaces de controlar sus propias pesquerías comerciales o las que ejercen las flotas de otros países en aguas internacionales? ¿Cuándo hemos tenido noticias de que una patrullera haya abordado a un pesquero para inspeccionar la carga de pescado que lleva en sus bodegas? Que nosotros sepamos, nunca, o por lo menos, nadie ha informado de ello.

ACTUACIONES PREFERENTES SOBRE EL MEDIO FLUVIAL

Con estos interrogantes encima de la mesa, ya no queda más opción que actuar en dos direcciones para tratar de resolver el problema: en primer lugar, hay que dirigir los esfuerzos hacia el medio natural donde se inicia el ciclo vital del salmón, es decir: el río, pero con los medios humanos y materiales adecuados; esto es, todos los que sean necesarios, sin que sea aceptable argumentar en sentido contrario, como se hace generalmente desde el vértice de la pirámide de mando, que los recursos son escasos.

Hay que crear zonas permanentes de refugio para los salmones en las cabeceras de todos los ríos salmoneros, acondicionando áreas para el desove natural de los peces y aprovechando también las infraestructuras de viejos molinos o los canales naturales de riego de fincas para la estabulación y posterior desove de los salmones, para lo cual habrá que llegar a acuerdos con los propietarios de estas concesiones.

El catálogo de actuaciones debe seguir con la eliminación de obstáculos artificiales que impiden el paso de los salmones hacia las zonas altas de los ríos, revocando viejas concesiones que no se adaptan a la normativa ambiental y reconvirtiendo en otras de distinta naturaleza aquellas instalaciones que, sirviendo para los mismos fines energéticos, sean compatibles con la vida de los salmones. En modo alguno debe primar los intereses económicos de una u otra compañía frente al interés general de los ciudadanos a disponer de un medio ambiente saludable donde el salmón atlántico pueda vivir de forma cómoda y natural.

Se debe seguir avanzando, ya que en esto se ha mejorado mucho y justo es reconocerlo, en la habilitación de sistemas de depuración de aguas residuales urbanas e industriales, no autorizando ningún tipo de industria potencialmente contaminante que no disponga de su propio sistema de tratamiento de efluentes líquidos.

No se puede tampoco obviar el daño que está causando a las poblaciones ictícolas la proliferación incontrolada de otras especies de la fauna asociada al medio que gozan de algún excesivo estatus de protección, las cuales ha introducido en el ecosistema fluvial una componente de claro desequilibrio bastante difícil de recuperar. Equilibrar significa, entre otras acepciones del idioma castellano, mantener el adecuado nivel poblacional de cada especie, porque la protección de unas actúa de forma negativa frente a las que se encuentran en un escalón inferior de la cadena trófica.

Una vez establecido el protocolo de actuación para el control de los depredadores, es necesario dotar a cada cuenca fluvial de su propio centro ictiogénico para la producción de alevines de salmón y trucha, lo cual servirá únicamente para ayudar al río a mantener una densidad de individuos más o menos estable de cada especie piscícola, especialmente de salmón atlántico por ser ésta una especie mucho más vulnerable que la trucha común en razón a su carácter anádromo. No se trata de sustituir a la naturaleza; lo que se intenta es compensar las pérdidas que pueda haber en los desoves naturales por circunstancias multivariantes que tienen lugar en ella al margen de la mano del hombre.

ACTUACIONES NORMATIVAS PARA LA PROTECCION DEL SALMON

Una vez indicado el catálogo de actuaciones a llevar a cabo en el medio fluvial, interesa ahora exponer la relación de medidas de tipo técnico que ayudarían a la recuperación paulatina del salmón atlántico, para su posterior aprovechamiento por parte del pescadores deportivos, lo cual debería redundar en un beneficio económico para todos los agentes implicados.

Desde hace algunos años, a pesar del descenso generalizado de retornos, se ha venido observando un ligero incremento de salmones peso superior a 6 kilos: del 4,59 por ciento de la campaña de 2007, se ha pasado al 5,60 por ciento en el 2008 y al 7,87 por ciento, en esta temporada que acaba de finalizar. Ello representa una información valiosa que serviría para adoptar las medidas oportunas para que la mayor parte de estos salmones se quede en el río para desovar. Conseguirlo está claro que no es tarea fácil, pero es obligación de todos nosotros intentarlo.

Por tanto, la apertura del periodo hábil de pesca debería retrasarse hasta el primer domingo del mes de abril, dando lugar a que los grandes salmones de invierno que pudieran retornar durante los meses de febrero y marzo tengan la oportunidad de alcanzar las zonas altas de cada uno de los ríos, que estarían vedadas de pesca.

Si a la fecha del 1 de junio no se ha apreciado un retorno normal de salmones a los ríos del Principado de Asturias, el único cebo permitido para la pesca del salmón desde esa fecha hasta el cierre de la campaña debería ser la mosca artificial. En situaciones hidrobiológicas normales, es decir, cuando el retorno se produzca durante el mes de mayo, entonces la utilización de la mosca artificial entraría en vigor desde el segundo domingo de junio hasta el 31 de julio. Estas medidas serían de aplicación en todos los ríos salmoneros a excepción del Navia, aguas abajo de la presa de Arbón, donde la pesca del salmón se podrá realizar con todos los cebos, ya sean naturales o artificiales.

El régimen de funcionamiento de los cotos parciales debería ser, como mínimo, de cuatro días a la semana, es decir: martes, miércoles, jueves y viernes, desde el comienzo al fin de la campaña. Los lunes y jueves estarían reservados para la pesca a mosca artificial, en las modalidades “con muerte” y “sin muerte”, respectivamente. Estas medidas no serían aplicables al río Navia, aguas abajo de la presa de Arbón.

Todos los salmones mayores de 75 cm de longitud, deberían ser devueltos con vida al agua, en especial las hembras, con la finalidad de garantizar la mayor cantidad de salmones de dos años de mar en los desoves naturales.

Estas medidas, que a algunos les podrán parecer inasumibles, son de uso común en la mayor parte de países de fuerte tradición salmonera, por lo que no estamos sugiriendo nada nuevo que no sea sobradamente conocido, como así lo ha puesto de manifiesto Juan Delibes en un imponente artículo publicado hoy mismo, día 1 de agosto de 2009, en el diario La Nueva España. No abordar el problema desde la inmediatez sería actuar en sentido contrario a los intereses de Asturias, los cuales, en opinión de la REAL ASOCIACION ASTURIANA DE PESCA FLUVIAL, deben pasar necesariamente por la conservación y protección del salmón atlántico. Otra cosa no cabe porque el piloto rojo de la señal de alarma ya lleva varios años encendido.